Santo Rosario a la Virgen Maria
El Santo Rosario es una devoción recomendada por muchos Papas y santos.
La misma Virgen pidió que se rezase en Lourdes y Fátima.
Recomendamos esta guia para el Santo Rosario.
1. Señal de la Cruz:
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
2. Acto de contricion:
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quién eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedes castigarme
con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Abre Señor mis labios.
Y mi boca proclamará tu alabanza.
Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
3. Credo:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
4. Misterios
Antes de anunciar el Primer Misterio, rezar un Padre Nuestro, tres Avemarias y un Glroiia
- Reza los misterios correspondientes a los dias de la semana.
Recomendamos seguir la lectura meditada de los misterios aqui. Despues de cada lectura mediata, reza:: - Un Padre Nuestro,
- Diez Avemarias
- Un Gloria
1. La encarnación del Hijo de Dios (Lucas 1,26-38).
Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en donde estaba ella, le dijo:
-Alégrate, favorecida, el Señor está contigo.
Ella se turbó al oír estas palabras, preguntándose qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
-Tranquilízate, María, que Dios te ha concedido su favor. Pues, mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin.
María dijo al ángel:
-¿Cómo sucederá eso, si no vivo con un hombre?
El ángel le contestó:
El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.; por eso al que va a nacer le llamarán ‘ Consagrado’, Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses; para Dios no hay nada imposible.
María contestó:
-Aquí está la esclava del Señor. Cúmplase en mí lo que has dicho.
Y el ángel la dejó.
Meditación
En este primer misterio propongámonos ser humildes y generosos de corazón como fue María para acoger el plan de Dios para nuestra vida. Dejemos actuar al Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestra comunidad. De ese modo transmitiremos con alegría la Palabra del Señor. Tengamos la plena confianza en María, Madre de la Iglesia, para cumplir con el mandato del Resucitado: «Id, pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. «(Mt.28,19-20)
2. La visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel (Lucas 1,39-53)
Unos días después María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judea; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre. Llena del Espíritu Santo, dijo Isabel a voz en grito:
¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y ¡dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
Entonces dijo María:
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque se ha fijado en su humilde esclava. Pues mira, desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho tanto por mí: Él es santo y su misericordia llega a sus fieles generación en generación. Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes a los ricos los despide de vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose, como lo había prometido a nuestros padres, de la misericordia en favor de Abraham y su descendencia, por siempre.
María se quedó con ella unos tres meses y después volvió a su casa.
Meditación
Al igual que nuestra Madre María, nosotros estamos llamados servir y a llevar la Buena Nueva a las demás personas para irradiar en ellos el amor que Jesús nos trae. Reconociendo la humildad de María en el Magníficat, prometamos ser humildes. Esa es la actitud apropiada para renovar a diario nuestro sí a la llamada de Cristo.
3. El nacimiento del Hijo de Dios en Belén (Lucas 2,1-19)
Por entonces, salió un decreto del emperador Augusto, que mandaba hacer un censo de todo el Imperio. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual a su pueblo. También José, que era de la estirpe y familia de David, subió desde Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa, María, que estaba encinta. Estando allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontró sitio en la posada. En las cercanías había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie, velando el rebaño por turno. Se les presentó el ángel del Señor: la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se asustaron mucho. El ángel les dijo:
-Tranquilícense, miren que les traigo una buena noticia, una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. Y les doy esta señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejercito celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres, que él quiere tanto.
Al marcharse los ángeles al cielo, los pastores se decían unos a otros:
– Vamos derecho a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha anunciado el Señor.
Fueron corriendo y encontraron a María, José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo les contaron lo que les habían dicho del niño. Todos los que lo oyeron se admiraban de lo que les decían los pastores. María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído; todo como se lo habían dicho.
Meditación
No importó el frío y la pobreza con la que Jesús vino al mundo, ya que nuestra Madre María lo envolvió en el calor de su amor y lo presentó a todos los que vinieron a adorarle. También nosotros debemos soportar las inclemencias que se nos presenten en nuestro apostolado. Vayamos a todos lados pregonando las grandezas que el Señor ha hecho en nuestras vidas y hagamos que día a día Jesús nazca en nuestros corazones. Adoremos a Jesús, besemos su presencia con nuestro testimonio. Alabémoslo con nuestro canto. Proclamemos que Él es el Rey de Amor, el único Dios de nuestra vida. ¡Qué hermoso es el Niño… y qué corta la decena!
4. La presentación del Niño en el templo (Lucas 2,21-40)
Al cumplirse los ocho días, cuando tocaba circuncidar al niño, le pusieron de nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. Cuando llegó el tiempo de que se purificasen, conforme a la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (así lo prescribía la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (conforme lo que dice la Ley del Señor: » Un par de tórtolas o dos pichones”) .Vivía entonces en Jerusalén un cierto Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; el Espíritu Santo estaba con él y le había avisado que no moriría sin ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando los padres de Jesús estaban para cumplir con lo previsto por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
Ahora, Señor, según tu promesa, despides a tu siervo en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador; lo has colocado ante todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:
-Mira que este está puesto para que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el corazón. Así quedará patente lo que todos piensan.
Meditación
En el momento de la Presentación, Simeón declara que Jesús es la luz que vino a alumbrar a las naciones. También nuestra vida debe ser una luz que ilumine al mundo y, en especial, a aquellos con los que nos encontramos cada día. Ello significa que la manera en que hablamos y tratamos a los demás y la forma en que reaccionamos deben mostrar la presencia de Dios en nosotros, deben ayudar a los demás a ver lo que es correcto y lo que no. Lo que es más importante, deben ayudar a los demás a conocer la mirada cariñosa de Dios.
5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo (Lucas 2,41-52)
Sus padres iban cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años subieron a las fiestas según la costumbre, y cuando estas terminaron, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que iba en la caravana, al terminar la primera jornada se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; y, como no lo encontraban, volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días lo encontraron, por fin, en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que lo oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron extrañados, y le dijo su madre:
– Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo!
Él les contestó:
-¿Por qué me buscaban? ¿No saben que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?
Ellos no comprendieron lo que quería decir. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.
Meditación
Pidamos que Jesús nunca se nos pierda, que nuestra mirada puesta en Él nos indique el verdadero camino hacia Dios. Pidámosle que, al consolarnos con el gozo de encontrarlo, se grabe en nuestras almas que nada -ningún afecto, ninguna relación, por más buena que sea—puede ser más importante que estar con el Padre y hacer su voluntad.
5. Rezar las Jaculatorias (Después de cada decena)
- María, Madre de gracia, Madre de misericordia.
Defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. - Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.
6. Agradecimiento
Infinitas gracias te damos Soberana Princesa por los beneficios que todos los días recibimos por vuestras mano generosas. Dígnate ahora y siempre tomarnos bajo tu poderoso amparo y para más obligarte te saludamos con una Salve…
7. Una Salve a la Virgen
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y
después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
8. Letanias de la Virgen Maria
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
Madre de la misericordia, ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
Madre de la esperanza, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre siempre virgen, ruega por nosotros.
Madre inmaculada, ruega por nosotros.
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por nosotros.
Vaso digno de honor, ruega por nosotros.
Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros.
Arca de la Alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros.
Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los migrantes, ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta a los Cielos, ruega por nosotros.
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la familia, ruega por nosotros.
Reina de la paz. ruega por nosotros.
Cordero de Dios
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oración
Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
9. Intenciones
- Por las intenciones del Santo Padre
Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria - Por los nuestros Angeles Custodios
Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria - Por los fieles difuntos
Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria
10. Jaculatoria final
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.