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Santo Rosario a la Virgen Maria

El Santo Rosario es una devoción recomendada por muchos Papas y santos.
La misma Virgen pidió que se rezase en Lourdes y Fátima.

Recomendamos esta guia para el Santo Rosario.

1. Señal de la Cruz:

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

2. Acto de contricion:

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío. Por ser Tú quién eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedes castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén. 

Abre Señor mis labios.
Y mi boca proclamará tu alabanza.

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

3. Credo:

 Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

4. Misterios

Antes de anunciar el Primer Misterio, rezar un Padre Nuestro, tres Avemarias y un Glroiia

  • Reza los misterios correspondientes a los dias de la semana.
    Recomendamos seguir la lectura meditada de los misterios aqui. Despues de cada lectura mediata, reza::
  • Un Padre Nuestro, 
  • Diez Avemarias
  • Un Gloria


Primer Misterio l (Lucas 1,26-38)

1. La encarnación del Hijo de Dios (Lucas 1,26-38).

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en donde estaba ella, le dijo:

-Alégrate, favorecida, el Señor está contigo.

Ella se turbó al oír estas palabras, preguntándose qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

-Tranquilízate, María, que Dios te ha concedido su favor. Pues, mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin.

María dijo al ángel:

-¿Cómo sucederá eso, si no vivo con un hombre?

El ángel le contestó:

El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.; por eso al que va a nacer le llamarán ‘ Consagrado’, Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses; para Dios no hay nada imposible.

María contestó:

-Aquí está la esclava del Señor. Cúmplase en mí lo que has dicho.

Y el ángel la dejó.

Meditación

En este primer misterio propongámonos ser humildes y generosos de corazón como fue María para acoger el plan de Dios para nuestra vida. Dejemos actuar al Espíritu Santo en nuestras vidas y en nuestra comunidad. De ese modo transmitiremos con alegría la Palabra del Señor. Tengamos la plena confianza en María, Madre de la Iglesia, para cumplir con el mandato del Resucitado: «Id, pues y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. «(Mt.28,19-20)

Segundo Misterio l (Lucas 1,39-53)

2. La visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel (Lucas 1,39-53)

Unos días después María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judea; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto oyó Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre. Llena del Espíritu Santo, dijo Isabel a voz en grito:

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y ¡dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Entonces dijo María:

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque se ha fijado en su humilde esclava. Pues mira, desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho tanto por mí: Él es santo y su misericordia llega a sus fieles generación en generación. Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes a los ricos los despide de vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose, como lo había prometido a nuestros padres, de la misericordia en favor de Abraham y su descendencia, por siempre.

María se quedó con ella unos tres meses y después volvió a su casa.

Meditación

Al igual que nuestra Madre María, nosotros estamos llamados servir y a llevar la Buena Nueva a las demás personas para irradiar en ellos el amor que Jesús nos trae. Reconociendo la humildad de María en el Magníficat, prometamos ser humildes. Esa es la actitud apropiada para renovar a diario nuestro sí a la llamada de Cristo.

Tercer Misterio (Lucas 2,1-19)

3. El nacimiento del Hijo de Dios en Belén (Lucas 2,1-19)

Por entonces, salió un decreto del emperador Augusto, que mandaba hacer un censo de todo el Imperio. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual a su pueblo. También José, que era de la estirpe y familia de David, subió desde Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa, María, que estaba encinta. Estando allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontró sitio en la posada. En las cercanías había unos pastores que pasaban la noche a la intemperie, velando el rebaño por turno. Se les presentó el ángel del Señor: la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se asustaron mucho. El ángel les dijo:

-Tranquilícense, miren que les traigo una buena noticia, una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. Y les doy esta señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejercito celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres, que él quiere tanto.

Al marcharse los ángeles al cielo, los pastores se decían unos a otros:

– Vamos derecho a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha anunciado el Señor.

Fueron corriendo y encontraron a María, José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo les contaron lo que les habían dicho del niño. Todos los que lo oyeron se admiraban de lo que les decían los pastores. María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído; todo como se lo habían dicho.

Meditación

No importó el frío y la pobreza con la que Jesús vino al mundo, ya que nuestra Madre María lo envolvió en el calor de su amor y lo presentó a todos los que vinieron a adorarle. También nosotros debemos soportar las inclemencias que se nos presenten en nuestro apostolado. Vayamos a todos lados pregonando las grandezas que el Señor ha hecho en nuestras vidas y hagamos que día a día Jesús nazca en nuestros corazones. Adoremos a Jesús, besemos su presencia con nuestro testimonio. Alabémoslo con nuestro canto. Proclamemos que Él es el Rey de Amor, el único Dios de nuestra vida. ¡Qué hermoso es el Niño… y qué corta la decena!

Cuarto Misterio (Lucas 2,21-40)

4. La presentación del Niño en el templo (Lucas 2,21-40)

Al cumplirse los ocho días, cuando tocaba circuncidar al niño, le pusieron de nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. Cuando llegó el tiempo de que se purificasen, conforme a la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (así lo prescribía la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor») y para entregar la oblación (conforme lo que dice la Ley del Señor: » Un par de tórtolas o dos pichones”) .Vivía entonces en Jerusalén un cierto Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; el Espíritu Santo estaba con él y le había avisado que no moriría sin ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando los padres de Jesús estaban para cumplir con lo previsto por la Ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

Ahora, Señor, según tu promesa, despides a tu siervo en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador; lo has colocado ante todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que decía del niño. Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre:

-Mira que este está puesto para que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el corazón. Así quedará patente lo que todos piensan.

Meditación

En el momento de la Presentación, Simeón declara que Jesús es la luz que vino a alumbrar a las naciones. También nuestra vida debe ser una luz que ilumine al mundo y, en especial, a aquellos con los que nos encontramos cada día. Ello significa que la manera en que hablamos y tratamos a los demás y la forma en que reaccionamos deben mostrar la presencia de Dios en nosotros, deben ayudar a los demás a ver lo que es correcto y lo que no. Lo que es más importante, deben ayudar a los demás a conocer la mirada cariñosa de Dios.

Quinto Misterio (Lucas 2,41-52)

 5. El Niño Jesús perdido y hallado en el templo (Lucas 2,41-52)

Sus padres iban cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años subieron a las fiestas según la costumbre, y cuando estas terminaron, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que iba en la caravana, al terminar la primera jornada se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; y, como no lo encontraban, volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días lo encontraron, por fin, en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que lo oían quedaban desconcertados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron extrañados, y le dijo su madre:

– Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira con qué angustia te buscábamos tu padre y yo!

Él les contestó:

-¿Por qué me buscaban? ¿No saben que yo tenía que estar en la casa de mi Padre?

Ellos no comprendieron lo que quería decir. Jesús bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba en su interior el recuerdo de todo aquello. Jesús iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres.

Meditación

Pidamos que Jesús nunca se nos pierda, que nuestra mirada puesta en Él nos indique el verdadero camino hacia Dios. Pidámosle que, al consolarnos con el gozo de encontrarlo, se grabe en nuestras almas que nada -ningún afecto, ninguna relación, por más buena que sea—puede ser más importante que estar con el Padre y hacer su voluntad.

Primer Misterio (Mt 26, 36-46).

1. La oración en el huerto (Mateo 26, 36-46)

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos:

: «Sentaos aquí mientras voy a orar». Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú»» Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro:

«¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.»

Meditación

“Oren para que no caigan en la tentación”, dijo el Maestro, y se durmieron Pedro y los demás apóstoles. Jesús, solo y triste, empapaba la tierra con su sangre. De rodillas perseveraba en oración. “Padre, si quieres, haz que pase este cáliz de mí. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. También nosotros nos enfrentamos día a día a una lucha: la lucha de perseverar en la oración. Cuando sufrimos la prueba, tenemos la tentación de apartarnos de Dios, de encerrarnos en nosotros mismos, de quejarnos y rebelarnos. Pero Jesús nos enseña cómo vencer. Él siguió orando, y de ese modo permitió que Dios mismo lo confortara. Siguió orando y entonces, una vez más, aceptó con paz y valentía la misión que el Padre le encomendaba.

Segundo Misterio (Juan 18,36-38; 19,1)

2. La flagelación del Señor (Juan 18,36-38; 19,1)

Respondió Jesús:

«Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí.» Entonces Pilatos le dijo:»¿Luego tú eres rey?» Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» Le dice Pilatos:»¿Qué es la verdad?» Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él.

Pilatos entonces tomó a Jesús y mandó azotarle.

Meditación

Jesús ha aceptado beber el dolor de su pasión hasta la última gota. El procurador romano, para complacer a los acusadores de Jesús, ordena que lo azoten. No se trata de simples golpes. La flagelación romana era una tortura atroz. El azote que empleaban estaba compuesto por varias tiras de cuero que llevaban bolas de metal y puntas de hueso. Cada golpe desgarraba la piel del condenado, que terminaba con heridas en todo el cuerpo y perdía abundante sangre. Al meditar este misterio recordemos la profecía de Isaías: “Él ha sido herido por nuestras rebeldes, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido curados” (Is 53, 4-5). Señor, que en nuestra misión evangelizadora sepamos hacer nuestro el dolor que tú sientes ante tanto pecado de la humanidad.

Tercer Misterio (Mt 27, 27-29)

3. La coronación de espinas (Mt 27, 27-29

«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «Salve, Rey de los judíos»». (Mt 27, 27-29). Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y lo sacan fuera para crucificarlo. 

Meditación

Llevan a mi Señor al patio del pretorio, y allí convocan a toda la tropa. Los soldados brutales lo desnudan. Con un trapo púrpura, viejo y sucio, cubren a Jesús. Una caña, por cetro, en su mano derecha. La corona de espinas, hincada a martillazos, le hace Rey de burlas. ¡Salve, Rey de los judíos! Y, a golpes, hieren su cabeza y lo abofetean y lo escupen. Coronado de espinas, Jesús es mostrado al pueblo judío: ¡Ecce homo!: Ved aquí al hombre. Y de nuevo, los sumos sacerdotes alzaron el grito diciendo: ¡Crucifícale, crucifícale! Tú y yo, ¿no le habremos vuelto a coronar de espinas, y a abofetear, y a escupir? Ya no más, Jesús, ya no más… Y un propósito firme y concreto pone fin a estas diez Avemarías.

Cuarto Misterio (Juan 19, 17; Lucas 23, 26-32)

4. La cruz a cuestas (Juan 19, 17; Lucas 23, 26-32)

Jesús cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota. Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús. Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús se volvió a ellas y les dijo:

“Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caigan sobre nosotros! Y a las columnas: ¡Sepúltennos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará con el seco?”

Llevaban además a otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

Meditación

Jesús decía: “Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc 9, 23). Y el Maestro nos da ahora el ejemplo. Llevar la cruz es estar condenado a muerte. Lo sabía cualquier judío de su tiempo, familiarizado con las ejecuciones romanas. Para un cristiano, tomar la cruz es hacer morir nuestro egoísmo, nuestros apegos desordenados, nuestra vieja naturaleza caída. Tomar la cruz es abrazar la voluntad del Padre por encima de la nuestra. Al contemplar a Jesús en el camino al Calvario, abraza el plan de amor de Dios para tu vida, un plan que siempre es mejor que cualquier proyecto humano, aun cuando incluya el dolor del sacrificio y la abnegación. Jesús lleva la cruz por ti: tú, llévala por Jesús. Pero no la arrastres. No la cargues con resignación. Resignación es palabra poco generosa. Lleva la cruz con firmeza y, de ese modo, no será una cruz cualquiera: será la Santa Cruz. Quiere la Cruz. Cuando de verdad la ames, será una cruz, sin cruz. Y de seguro, como el Señor, encontrarás a María en el camino.

Quinto Misterio (Juan 19,25-30)

5. Jesús muere en la cruz (Juan 19,25-30)

Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed.» Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.»

E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Meditación

Sufriendo cuanto se puede sufrir, Jesús extiende sus brazos en la cruz. Es un gesto de sacerdote. Él se ofrece a sí mismo como sacrificio redentor. Su sangre nos lava de nuestras culpas; su muerte quiebra el poder del diablo y del pecado que nos esclavizaba. Gracias a su obediencia, recibimos el Espíritu Santo que nos trasforma y nos da el poder de guardar los mandamientos. Debido a que Cristo estuvo dispuesto a cargar con el pecado de todos y a sufrir la lejanía de Dios, podemos experimentar el perdón y la alegría del Padre que nos recibe en su casa. Nada de que lo que él consiguió para nosotros en la cruz hubiéramos podido obtenerlo por nuestros propios méritos. Y entre los regalos que nos concedió en la cruz, uno de los más bellos fue su propia madre. Él no se reservó nada, lo entregó todo, cumplió por completo la voluntad de Dios. Todo está cumplido.le dijo:

Primer Misterio

1. El bautismo de Jesús (Mateo 3, 13-17)

Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán, donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?»

Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.»

Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía:

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Meditación

A Jesús no le interesa el qué dirán. No lo detiene la opinión de su primo, Juan el Bautista. Lo único que le interesa es complacer a su Padre. Después de todo, ese mismo Padre se complace en él. Pero también a nosotros el Padre nos dice: “Tú eres mi hijo amado”. Él nos mira con el mismo amor con que mira a Jesús. Vale la pena ir contracorriente del mundo para que el Padre se sienta contento con nosotros.

Segundo Misterio

2. La autorevelación en las bodas de Caná (Juan 2, 1-12)

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»

Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»

Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga»

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba.

«Sacadlo ahora -les dice-, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice:

«Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos.

Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

Meditación

María está atenta a las necesidades de los novios. Ella toma la iniciativa de tomar cartas en el asunto cuando descubre que se acabó el vino en la fiesta, una celebración que duraba días. Entonces acude a Jesús, quien no le niega nada. Ella es capaz de arrancar a Jesús un milagro “fuera de programa”. ¿Qué vino falta en tu vida? ¿La alegría? ¿La paz? ¿La fidelidad? Háblale de eso María, nuestra Madre. Pídele en especial el vino de estar pendientes de las necesidad de los demás para ayudarlos.

Tercer Misterio

3. La proclamación del Reino de Dios y llamada a la conversión (Marcos 1,15; Marcos 2, 3-13)

Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por Él en el río Jordán, confesando sus pecados. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.

Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.

Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones:

«¿Por qué este habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios solo?»

Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice:

«¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados” -dice al paralítico-:

«A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»

Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba.

Meditación

Jesús recorre los pueblos de Galilea y de Judea enseñando y curando a los enfermos. ¿Qué es lo que anuncia? Que Dios es Padre, que él está cerca y que, a través de Jesús, podemos experimentar su misericordia y su poder de salvar. A quien busca al Maestro para obtener sanación física, él le ofrece también algo más profundo: la curación del mal que nos aparta de la vida de Dios, el perdón de los pecados. Por eso mismo, reconocerse pecador jamás puede ser un motivo para negarse a seguir a Jesús. Por el contrario, es el primer paso para seguirlo. Es a nosotros, los pecadores, a quienes Jesús vino a curar.

Cuarto Misterio

4. La transfiguración de Jesús (Lucas 9, 28-36)

Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús:

«Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías», sin saber lo que decía.

Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía:

«Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle».

Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Meditación

“Este es mi Hijo, mi Elegido, escuchadle”, dice la voz del Padre. Se los dice, en primer lugar, a los apóstoles que acompañan a Jesús en el monte Tabor y que se han quedado deslumbrados al ver su gloria. Nos lo dice también a nosotros. ¿Y qué es lo que tenemos que escuchar? Por supuesto, todo lo que Jesús diga, pero en el contexto parece que el mensaje del Padre apunta en especial a la cruz. ¿De qué conversaba Jesús con Moisés y Elías? Precisamente de la próxima muerte del Señor, de “su partida”. De hecho, poco antes de la transfiguración, Jesús anunció a los apóstoles que iba a morir y resucitar. Ahora, en el Tabor, es como si Dios les dijera a los discípulos: “Presten atención. ¿Se admiran de esta luz, de esta gloria? Pues está unida a la cruz. Solo se alcanza a través de ella”. Jesús recorrió este camino y a nosotros nos toca ir detrás de él.

Quinto Misterio

5. La institución de la Eucaristía (Juan 13,1; Mateo 26, 26-30)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo:

«Tomad, comed, este es mi cuerpo».

Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo:

«Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre».

Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Meditación

Jesús nos amó hasta el extremo. Nos ama hasta el extremo. Por eso se entregó a sí mismo como sacrificio y derramó su sangre para que nuestros pecados fueran perdonados y para que formemos parte de la familia de Dios, su Pueblo. Por ese mismo amor, decidió quedarse entre nosotros como alimento. Cuando celebramos la Eucaristía se repite el mismo sacrificio con el que fuimos redimidos. Cada vez que comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre en la Eucaristía, renovamos la alianza que nos une al Señor. ¿Somos conscientes del amor que nos tiene?

Primer Misterio (Lc 24, 1-6).

1. La resurrección del Señor (Luas 24, 1-6)

«El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado»»

Meditación

Jesús ha resucitado! No está en el sepulcro. La Vida pudo más que la muerte. Se apareció a su Madre Santísima, se apareció a María de Magdala, y a Pedro y a los demás apóstoles. Y a ti y a mí, que somos también sus discípulos, hoy nos sale al encuentro. Porque él vive, ya no hay nada que temer. Ni el mundo, ni el demonio ni la carne son más fuertes que Cristo. Porque Jesús está vivo, tiene el poder de cambiar tu vida, y te llama a una relación personal con él. Adóralo: él te ama. Y antes de terminar la decena, has besado las llagas de sus pies.

Segundo Misterio

2. La Ascensión del Señor (Mateo 28,18-20; Hechos 1,9-11)

Jesús se acercó a ellos y les habló así:

«Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron:

«Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo.»

Meditación

Jesús se va con el Padre. Es justo que la Santa Humanidad de Cristo reciba el homenaje, la aclamación y adoración de todas las jerarquías de los ángeles. El Padre está complacido con la entrega del Hijo, ha aceptado su sacrificio, y ahora Jesús, el Mesías, ocupa, para siempre, su puesto de Señor sobre toda la creación. Mientras estemos en la Tierra, nosotros ya no lo vamos a ver. Nuestra primera reacción es sentirnos huérfanos. Lo extrañamos. Pero es una falsa impresión. En realidad, no se ha ido. Se queda con nosotros de otro modo. Él está más cerca de ti que tú mismo, decía San Agustín. Según lo prometió, su presencia y su poder nos acompañan mientras ponemos manos a la obra. La tarea es grande. Hasta que él vuelva debemos hacer discípulos suyos a todas las gentes. “¿Qué hacéis ahí mirando al cielo?”

Tercer Misterio

3. La venida del Espíritu Santo (Hechos 2,1-4)

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.

De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban.

Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

Meditación

Pedro, a quien rodeaban los otros once, levantó la voz y habló. Lo oímos gente de cien países. Cada uno lo escucha en su lengua. Tú y yo la nuestra. Nos habla de Cristo Jesús y del Espíritu Santo y del Padre. No lo apedrean, ni lo meten en la cárcel: se convierten y son bautizados tres mil de los que oyeron. Tú y yo, después de ayudar a los apóstoles en la administración de los bautizos, bendecimos a Dios Padre, por su Hijo Jesús, y nos sentimos también borrachos del Espíritu Santo. “El verdadero objetivo de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo”, decía San Serafín de Sarov. Nosotros, que ya lo recibimos, queremos seguir llenándoos de él. Te alabamos, Señor.

Cuarto Misterio – (Lc 1, 48-49)

4. La Asunción de Nuestra Señora (Cantar 2,3-6,10; Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab)

“Fui asunta al Cielo: también en cuerpo y alma, gracias a la misericordia del Padre, al amor del Hijo y al poder del Espíritu Santo y desde el Cielo, en mi cuerpo glorioso, junto a mi Hijo, intercedo ante Él, por las necesidades de los hijos”.  

<<Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Señor ha hecho obras grandes en mí>>

Meditación

Assumpta est Maria in coelum: gaudent angeli: María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos, y los ángeles se alegran! Así canta la Iglesia. Y así, con ese clamor de regocijo, comenzamos la meditación de esta decena del Santo Rosario. Se ha dormido la Madre de Dios. Están alrededor de su lecho los apóstoles. Y al contemplar este misterio, nosotros nos ponemos a su lado también. Jesús quiere tener a su Madre, en cuerpo y alma, en la Gloria. Y la corte celestial despliega todo su aparato para agasajar a la Señora. Tú y yo tomamos la cola del espléndido manto azul de la Virgen, y así podemos contemplar aquella maravilla. La Trinidad Beatísima recibe y colma de honores a la Hija, Madre y Esposa de Dios. Y es tanta la majestad de la Señora, que los ángeles se preguntan: “¿Quién es Esta?”

Quinto Misterio – (Ap 12, 1)

5. La coronación de María Santísima (Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab)

Apareció una figura portentosa en el cielo. Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el arca de su alianza en el Santuario, y se produjeron relámpagos y fragor y truenos y temblor de tierra y fuerte granizada.

Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Y apareció otra señal en el cielo: un gran Dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.

La mujer dio a luz un hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada 1.260 días.

Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.

Meditación

Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. “Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. Veni: coronaberis. Ven: serás coronada” (Cantar, 4, 7, 12 y 8). Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer con corona de doce estrellas sobre su cabeza; vestida de sol, la luna a sus pies. (Apocalipsis 12, 1). María Virgen sin mancha, reparó la caída de Eva, y ha pisado, con su planta inmaculada, la cabeza del dragón infernal. Hija de Dios, Madre de Dios, Esposa de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo la coronan como Emperatriz del Universo. Y le rinden honor los ángeles y los patriarcas, los profetas y los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes. Todos los santos y todos los pecadores. Tú y yo.

5. Rezar las Jaculatorias (Después de cada decena)

  • María, Madre de gracia, Madre de misericordia.
    Defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
  • Oh Jesús mío, perdónanos. Líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas.

6. Agradecimiento

Infinitas gracias te damos Soberana Princesa por los beneficios que todos los días recibimos por vuestras mano generosas. Dígnate ahora y siempre tomarnos bajo tu poderoso amparo y para más obligarte te saludamos con una Salve…

7. Una Salve a la Virgen

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y
después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

8. Letanias de la Virgen Maria

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.

Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,  ruega por nosotros.

Santa Virgen de las Vírgenes,  ruega por nosotros.

Madre de Cristo,  ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia,  ruega por nosotros.
Madre de la misericordia,  ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia,  ruega por nosotros.
Madre de la esperanza,  ruega por nosotros.
Madre purísima,  ruega por nosotros.
Madre castísima,  ruega por nosotros.
Madre siempre virgen,  ruega por nosotros.
Madre inmaculada,  ruega por nosotros.
Madre amable,  ruega por nosotros.
Madre admirable,  ruega por nosotros.
Madre del buen consejo,  ruega por nosotros.
Madre del Creador,  ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa,  ruega por nosotros.
Virgen clemente,  ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por nosotros.
Vaso digno de honor, ruega por nosotros.
Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros.
Arca de la Alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros.
Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los migrantes, ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta a los Cielos, ruega por nosotros.
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la familia, ruega por nosotros.
Reina de la paz. ruega por nosotros.

Cordero de Dios

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración

Te rogamos nos concedas,
Señor Dios nuestro,
gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión
de la bienaventurada siempre Virgen María,
vernos libres de las tristezas de la vida presente
y disfrutar de las alegrías eternas.

Por Cristo nuestro Señor.

Amén.

9. Intenciones

  •  Por las intenciones del Santo Padre
    Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria
  •  Por los nuestros Angeles Custodios
    Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria
  •  Por los fieles difuntos
    Un Padre Nuestro, Un Ave Marias, Un Gloria

10. Jaculatoria final

Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.

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